Salvador Raga *
A principios del siglo IV, San Vicente Mártir, patrón de Valencia, fue apresado en Zaragoza junto al Obispo Valero por los soldados romanos enviados por el Cónsul Daciano y trasladado a Valencia para sufrir martirio ante la negativa a renunciar a su fe. La difusión del conocimiento de este hecho provocó en los siglos siguientes una corriente de peregrinaciones desde toda Europa hasta Valencia para visitar los restos del mártir en San Vicente de la Roqueta, convirtiéndose este fenómeno en algo muy anterior a las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela.

Sin embargo, para dar veracidad a determinadas historias provenientes del pasado remoto no hay más remedio muchas veces que investigar en el subsuelo para comprobar los rastros que la tierra compacta ha ido guardando en recuerdo de lo que allí aconteció. Y, en concreto, las excavaciones realizadas por el SIAM del Ayuntamiento de Valencia en los años 1985 y 1986 en el Convento de las Madres Agustinas que fueron conducidas por la arqueóloga Rafaela Soriano, en pleno centro neurálgico de la Roqueta, tuvieron como objetivo rescatar restos de todas las etapas por las que pasó aquel lugar. Así, en la zona del claustro del Monasterio tardorománico de los siglos XIII y XIV, se documentó en las excavaciones una construcción rectangular que bien pudo ser un aljibe que entró en desuso a finales del siglo XV. Del entorno de la portada tardorománica, cuyos capiteles reproducen escenas del martirio y que era la puerta de acceso al templo colindante al Monasterio, se sacaron a la luz sendos osarios de los siglos XIV y XV que contenían los restos de multitud de fallecidos. Hay que resaltar que un buen número de ellos tenían lesiones y mutilaciones que hacen suponer que podían provenir de personas que estuvieron en el hospital contiguo fundado por el Rey Jaime I. También de época medieval cristiana aparecieron en la cabecera de la Iglesia varios enterramientos en fosas que carecían de cubierta.
Pero de época islámica aparecieron restos de unos soldados y del claustro medieval, por debajo del cuál aparecieron tres fosas funerarias que recuerdan los ajuares visigodos por el anillo que se encontró y que es similar al de otros enterramientos de este tipo. También apareció una caja de plomo cubierto inicialmente por unas tejas que hacían de tapadera y que había sido saqueado, por lo que carecía de cualquier elemento suntuario y que provenía del periodo romano bajoimperial conteniendo el cuerpo de una mujer de mediana edad. Y es que los enterramientos en este tipo de cajas de plomo son bastante antiguos dentro del mundo romano y pueden incluso no pertenecer a la época cristiana. Todos estos datos confirman que aquí pudo estar ubicada la Basílica funeraria de San Vicente por tratarse de un complejo funerario paleocristiano y visigodo que databa del siglo IV y por existir en la época la costumbre de enterrarse en lugares asociados a los santos. Esto deja abierta la posibilidad de nuevas catas aunque la voluntad política de profundizar en el estudio del entorno de la Roqueta siempre fue muy escasa por parte de nuestras autoridades. No obstante, el reputado radiestesista y Canónigo Félix Gómez Muñoz, conocido por haber descubierto los restos del Beato Sicluna, realizó una excavación en la Roqueta desde Mayo a Diciembre del año 2002 para intentar encontrar los restos del santo en una profundidad de 4,20 metros. Esta labor le fue encargada por la siempre activa Rosa Araixa y su marido Ricardo Aguilar y el cuerpo que se encontró no se correspondía con el santo y por ello cesaron dichas excavaciones aunque el Padre Félix mantenía su entusiasta y firme creencia de que allí se hallaba el cuerpo buscado. Y es que a principios del siglo XVIII se conoce un lugar específico del sepulcro del santo que fue derruido a principios de 1700 para ampliar la antigua Via Augusta con lo que el martyrium constantiniano y los restos de su enterramiento estarían bajo el asfalto de la calle de San Vicente. Asimismo, tampoco sería de extrañar que las obras del metro suburbano en la Plaza de España hubiesen arrasado cualquier resto de lo que pudo ser el sepulcro de San Vicente en el subsuelo del ábside.
Por otro lado, en las excavaciones de l'Almoina, en el lado oriental del foro romano, también se sacaron a la luz restos del llamado por los arqueólogos “martyrium” de San Vicente, que es un ábside de herradura construido a finales del siglo VI y edificado sobre el calabozo donde estuvo preso San Vicente. Éste debió ser un edificio público romano que se articulaba alrededor de un patio con estanque y con una zona cerrada a modo de cárcel custodiada. En esta zona del edificio de han hallado instrumentos litúrgicos del primer cristianismo lo que indica que se convirtió en una zona sagrada que bien pudo originarse al calor del martirio de Vicente. Y también en el entorno de la Capilla Cárcel de la calle del Mar existió una necrópolis en la que se excavaron y catalogaron tumbas visigodas de carácter colectivo pues casi todo el trazado de la Vía Augusta en la ciudad de Valencia es propicio para estos y otros hallazgos. Este lugar se sitúa en la zona donde se situaba el antiguo Pretorio romano por haberse encontrado, entre otros motivos, restos de la época romana.
Todos los detalles del Camino de San Vicente Mártir, que discurre desde Roda de Isábena, hasta Traiguera, donde enlaza con la antigua Via Augusta hasta llegar a Valencia en un camino de unos 750 km, y multitud de aspectos históricos y leyendas del santo pueden consultarse tanto en
http://www.caminodesanvicentemartir.es como en la propia web de la Asociación. Junto a la información práctica como mapas y perfiles de la ruta, el peregrino puede acceder a consejos para caminantes, un foro especializado y abundantes datos sobre la biografía de San Vicente Mártir y el arte o la arquitectura dedicados al Santo, además de consultar la Carta Vicentina y el Libro de Peregrinos, e incluso obtener la Credencial Vicentina. Asimismo se realizan reportajes, videos y artículos que pretenden difundir la historia del santo. Se insiste particularmente en la idea de que este es un gran proyecto de recuperación histórica que queda al servicio de la sociedad con aspectos tan maravillosos como son el senderismo, el cicloturismo y la recuperación del tránsito por pueblos olvidados y de la misma Via Augusta como parte de su trayecto.
* Salvador Raga es Presidente de la Asociación Via Vicentius Valentiae - Via Romana.[N. del Ed.]
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